El Amor como maestro reconoce que el aprendiz se está educando, y que por lo tanto tiene derecho a equivocarse. Considera que los errores necesitan corrección. Y hace comprender al aprendiz que la razón por la que los errores se consideran tales, es porque le ocasionan sufrimiento a él (o ella) y a sus semejantes.
El miedo como maestro, por otra parte, no reconoce el derecho a equivocarse por parte del aprendiz. Considera los errores como permanentes y punibles; esto es, ve en lo que no es perfecto todavía una necesidad de castigo, y no una necesidad de corrección.
