Puedes dar mapas e incluso provisiones a todos los barcos y capitanes de barco. Pero sólo encárgate de dirigir un timón: el tuyo.
Dios te puso a cargo de una sola persona: tú mismo.
Tratar de dirigir controlar el barco de otra persona con el timón que está en tu barco es algo invasivo, ofensivo, inútil, y hasta un poco tonto. Nunca lo conseguimos. Y nunca deberíamos conseguirlo, además.
Un solo océano: la vida. Un solo puerto: el que elegimos. Sólo un timón: el de nuestro barco. ¿Amigos?: que Dios te conceda millones. Pero, por favor, recuerda que tus seres amados son dueños de sí mismos (aunque te parezca que son pésimos dueños de sí mismos).
